En el arte de la Publicidad parece que ya todo está escrito. Todos los targets están bien definidos, todas las temporadas de consumo bien acotadas y todos los clichés a mencionar y explotar para cada público bien sabidos.
Nunca faltarán los anuncios de productos dirigidos a los jóvenes que muestran a una juventud alocada, o los de productos contra la descalcificación de los huesos que presentan a unos abuelos rejuvenecidos jugando con sus nietos como si no hubiese mañana.
Teóricamente esto funciona. Puede invocar el deseo de consumo de ese producto a ese target concreto induciéndoles uno u otro deseo -ser guay, en el caso de los adolescentes y ser tan ágil como para jugar a diario -este es el verdadero deseo- con los nietos-. Cuestión de chantaje.
Pero aquí iremos más allá. ¿Realmente todo lo que los publicistas lanzan a la pantalla está alcanzando su cometido?. ¿Saben realmente que, extremando el perfil de público y sus caracterísiticas, están centrando toda su imagen de marca en un sector de la población y que de trasmitir una imagen más centrada en el producto y menos en el público potencial podrían abarcar a más posibles consumidores?.
¿Quién no ha esquivado un paquete un paquete de Pipas G en favor de uno de El Manisero acompañado del pensamiento "no, yo no soy de los ninis que dicen frases chorra en el banco del parque"?. Más de uno. Y de mil.
Nos metemos en materia en este apasionante mundo de la publicidad en TV/Internet, los mensajes multimedia y sus estrategias de impacto y venta en determinado público.
Bienvenidos.

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