miércoles, 2 de diciembre de 2015

El error de publicitar contra el espejo

En el arte de la Publicidad parece que ya todo está escrito. Todos los targets están bien definidos, todas las temporadas de consumo bien acotadas y todos los clichés a mencionar y explotar para cada público bien sabidos.

Nunca faltarán los anuncios de productos dirigidos a los jóvenes que muestran a una juventud alocada, o los de productos contra la descalcificación de los huesos que presentan a unos abuelos rejuvenecidos jugando con sus nietos como si no hubiese mañana.

Teóricamente esto funciona. Puede invocar el deseo de consumo de ese producto a ese target concreto induciéndoles uno u otro deseo -ser guay, en el caso de los adolescentes y ser tan ágil como para jugar a diario -este es el verdadero deseo- con los nietos-. Cuestión de chantaje.



Pero aquí iremos más allá. ¿Realmente todo lo que los publicistas lanzan a la pantalla está alcanzando su cometido?. ¿Saben realmente que, extremando el perfil de público y sus caracterísiticas, están centrando toda su imagen de marca en un sector de la población y que de trasmitir una imagen más centrada en el producto y menos en el público potencial podrían abarcar a más posibles consumidores?.
¿Quién no ha esquivado un paquete un paquete de Pipas G en favor de uno de El Manisero acompañado del pensamiento "no, yo no soy de los ninis que dicen frases chorra en el banco del parque"?. Más de uno. Y de mil.



Nos metemos en materia en este apasionante mundo de la publicidad en TV/Internet, los mensajes multimedia y sus estrategias de impacto y venta en determinado público.

Bienvenidos.

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